Cualquier ser humano es capaz de actuar, pero no cualquiera es actor. El hecho de jugar con una historia, de aprender un texto, de moverse, incluso con gracias, en el ámbito de la ficción, lo puede ejecutar cualquier persona con una capacidad arriba de la media; y hacerlo hasta con sinceridad, habilidad, presencia y lo que muchos llaman "ángel". Mucha de esta gente llega a vivir, en el sentido amplio, de esta capacidad de actuar, con base solamente en su propio yo. Llegan a ser famosos, envidiados, admirados y ricos, e incluso paradigmas de actor, paradojicamente no son actores. Alguien así es él mismo, con sus características ,disfrazado en un juego pedestre de un simulacro de personaje, simulación que llega a repetir hasta la saciedad. Es el caso del actor aficionado y de no pocas estrellas.
Esta posiblidad de hacer de actor, no siendo actor, provoca una confusión que arrastra los actores, a los que fungen de actores, a los directores y al espectador; lo que explica la falta de rigor para abordar verdadera y profundamente la ficción y el hecho de que produzcan en el plano actoral, por lo menos, trabajos discutibles de calidad
Esta posiblidad de hacer de actor, no siendo actor, provoca una confusión que arrastra los actores, a los que fungen de actores, a los directores y al espectador; lo que explica la falta de rigor para abordar verdadera y profundamente la ficción y el hecho de que produzcan en el plano actoral, por lo menos, trabajos discutibles de calidad
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